Nos mataron a todos
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Lunes, 22 abril 2013

El fútbol está lleno de frases hechas, de lugares comunes, de salidas fáciles a la hora de enfrentar una cámara o un micrófono. “No te desciende la última temporada, sino la sumatoria de 3 malas campañas”. Independiente se encargó, como nadie antes, de echar por tierra este argumento.

La temporada del Rojo es, por lejos, merecedora del descenso bajo todo punto de vista. 26 puntos en 29 partidos que se llevan jugados. Insostenible para cualquier equipo con pretensiones serias de pelear por la permanencia. Tres entrenadores y un plantel que salvo honrosas – y poquísimas – excepciones, es digno de la segunda categoría del fútbol argentino. Más adelante merecerán un párrafo aparte.

¿Se quemaron todos los papeles? Si, es cierto. Ni el más pesimista podía imaginarse semejante escenario. Incluso atendiendo al mal armado del plantel u otras decisiones como la renovación de Cristian Díaz, la contratación de Américo Gallego – a la cual suscribí – sin pleno convencimiento, y la llegada por la ventana de Miguel Ángel Brindisi. Todo sin planificación, todo improvisado. Los resultados están a la vista.

La tarea de la subcomisión de fútbol, avalada porla Comisión Directiva, es, como mínimo, desastrosa. La gestión en el aspecto deportivo es un fracaso total. Aún con la posibilidad de un milagro, no deja de ser penosa. Tampoco, por supuesto, hay que olvidarse del contexto precedente.

“La herencia” no es excusa, pero es un causal de muchas de las desgracias que atraviesa el Club hoy. Andrés Ducatenzeiler, primero, y Julio Comparada, sobre todo, junto a una – en su casi mayoría – impresentable comisión directiva, pusieron al Rojo en coma. Lo del expresidente no tiene justificativo alguno. Fue obsceno, rozó lo aberrante. Completamente tóxico y nocivo. No tiene perdón.

Mientras tanto, en la cocina política de Independiente se preparaban un sinfín de situaciones propiciantes de un caos todavía mayor. Aún lo hacen. Opositores e indefinidos, firman comunicados, llaman al apoyo de los socios, mientras realizan petitorios y por lo bajo hablan de destituir, de golpes, de comisiones de crisis  No lo dirán ante las cámaras, claro. ¿Recuerdan qué se juntaron con lo peor de la anterior dirigencia y por eso perdieron antes de presentarse? El resto, ¿No es capaz de reconocer sus falencias a la hora de presentar una propuesta que convenza a la masa societaria? Ni que hablar de los abundantes peros a la hora de acercarse a dar una mano. Que “no me llamaron”, que “no vamos a andar arrastrándonos”. Todos, absolutamente todos, pusieron sus miserias y sus pretensiones por sobre las necesidades de Independiente. Así nos va. Resta sumarle a todo esto, sin dudas, la sucesión de hechos de violencia que ennegrecieron aún más el panorama desolador en cada partido en el Libertadores de América o en la cancha en la que jugara Independiente. ¿Qué pasaba si el alambrado del Nuevo Monumental de Rafaela cedía? Aquellos, los que no iban a entrar más, casi precipitan lo que, a esta altura, parece casi consumado.

Por último, y retomando, está el plantel. Indefendible bajo todo aspecto. Sin compromiso, sin unidad, salvo para poner el grito en el cielo ante un reclamo salarial. Porque ahí si, actúan en conjunto, se mueven corporativamente. Incluso sabiendo que – como tambien hay que remarcar lo bueno – esta CD ha hecho malabares para mantenerlos casi al día. Pocos clubes dela Argentina deben tener saldadas las cuentas con sus jugadores como lo tiene Independiente. Jugadores que no se entiende, salvo en el contexto de un Club en el que pocas cosas se explican, como todavía salen a la cancha. Así seguimos sufriendo a los Hilario Navarro, los Eduardo Tuzzio, los Roberto Battión, los Víctor Zapata, los Jonathan Santana, los Ernesto Farías. Ahí también se suman las reiteradas recaídas de los Julián Velázquez, la inconclusa recuperación de Leonel Galeano, la eterna espera por la explosión de Hernán Fredes, el tour de Roberto Russo por Avellaneda, la llegada y huída de Paulo Rosales, la inexplicable presencia de Juan “bala de plata” Caicedo – ¿Quién puede creer aún que llegó a pedido del Tolo? -, la intermitencia de Daniel Montenegro. Ni Ramón Díaz, ni Cristian Díaz, ni Gallego supieron que hacer con este plantel que no entrega nada. Apenas si se salvan Morel Rodríguez, Cristian Tula y Fabián Vargas. ¿El resto? Bien gracias.

Pero, me pregunto ¿De qué sirve ahora hacer una caza de brujas? ¿Nos va a salvar eso de un casi seguro descenso? ¿Nos vamos a matar entre nosotros? Al fin de cuentas, todos y cada uno, tenemos la responsabilidad de este momento. Por no hacer o por hacer y hacer mal, por acción u omisión, desde el lugar que nos toca a cada uno.

Tengo mil interrogantes y siento que no tengo ninguna respuesta. Lo único que tengo claro es que lograron lo imposible: Llevaron al borde del precipicio al Club más grande de la Argentina. Y mientras tanto, nos hicieron mierda los corazones a más de 5 millones de hinchas.

 

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