Domínico, tierra de nadie
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Lunes, 17 febrero 2014

El predio de Villa Domínico, lugar de entrenamiento del plantel profesional y las divisiones inferiores, está atravesando un momento crítico.  Esta situación, producto del arrastre de años de obras inconclusas, se vio agravada en el último año. La principal preocupación de empleados y aquellos que lo visitan a diario pasa por la caída de una gran parte del paredón que marca el límite con el barrio ubicado a escasos metros del predio.

Cerca de veinte metros de pared fueron derribados, principalmente, por aquella tormenta fatídica que sufrió la Capital Federal y el Gran Buenos Aires en los primeros días de abril del 2013. Desde ahí a la fecha, esos huecos vacíos solo fueron remendados por bloques de madera y chapa. En un comienzo, se dijo que esos “parches” eran provisorios y serían reemplazados por un nuevo muro. Lo cierto, es que hasta el día de hoy nada de eso ha sucedido y la fachada se ha venido abajo nuevamente producto de los reiterados robos de materiales por parte de algunos vecinos de la zona. Si a eso se le suma el sector cercano a la Autopista Buenos Aires – La Plata que tampoco tiene una pared divisoria, el riesgo ha aumentado considerablemente.

Al margen de lo desprolijo y lo poco estético de tener una pared destruida, lo más grave pasa por los reiterados hechos insólitos y delictivos que se vienen produciendo en este tiempo y que involucran al plantel de primera división. Por citar algunos ejemplos, hace una semana cuando el plantel de Independiente retornó un lunes a los trabajos en Villa Domínico, el cuerpo técnico se encontró con la sorpresa que el estado del campo donde entrena el equipo de Primera estaba en pésimas condiciones. ¿La razón? El día anterior habían entrado más de 30 personas a jugar un “picadito”. A todo esto, el plantel había dejado de utilizar en esos días esa cancha para preservarla ya que la gran cantidad de agua caída durante esa semana perjudicaría el césped si se entrenaba y trabajó en canchas de sintético en Bernal.

Lamentablemente, este episodio no es el primero. A comienzos de año, cuando el plantel estuvo en Mar del Plata haciendo la pretemporada, los intrusos organizaron un torneo relámpago en las mismas canchas. Ante el llamado de un empleado a la policía, los mismos pudieron ser desalojados. Si nos remitimos más atrás, cuando Brindisi era entrenador y el equipo trabajaba en el turno vespertino, se vieron más de diez chicos menores de 15 años jugando a escasos metros del vestuario de Primera División. Además, muchos vecinos utilizan el predio como atajo para dirigirse a sus hogares y lo atraviesan sin ningún pudor mientras los jugadores entrenan.

Algo más. En la práctica de hoy se robaron dos pelotas apenas comenzado el entrenamiento. Este cúmulo de situaciones tiene algo fastidioso a los integrantes del cuerpo técnico. Los miembros de seguridad hacen lo que pueden pare evitar que la situación empeore pero desgraciadamente durante la noche el predio tiene muy poca vigilancia de acuerdo a lo que requiere por el tamaño. Desde fines del 2013, la empresa de seguridad privada dejó de brindar el servicio y esto es, casi en su totalidad, por la gran deuda económica que dejó la gestión anterior.

Hay un sinfín de situaciones que vienen produciendo producto de esta falencia edilicia. Por seguir enumerando, hace poco tiempo le robaron a un empleado la cortadora de césped. A otro, su bicicleta cuando estaba ingresando por una de las puertas laterales. Algunos de estos robos, fueron a punta de pistola. Los empleados del complejo ya no creen en las reiteradas promesas de la reconstrucción de ese sector que puede solucionar todos estos inconvenientes. Tampoco es responsabilidad del intendente del complejo. Sin presupuesto acorde a semejante espacio no se pueden ejecutar obras. Algunos dirigentes dicen que la donación del Gobierno ya está aprobada por la Municipalidad y que las obras arrancan en breve. Sin embargo, hasta ahora nada de eso sucede.

Lo más alarmante no pasa por el robo de dos pelotas o de tachos de pintura. La necesidad de reconstruir ese muro también servirá para proteger a la pensión, donde viven casi 60 chicos y que si bien ha mejorado producto del esfuerzo invaluable de aquellos que allí trabajan, más la donación desinteresada de hinchas durante estos últimos años, es prioritario cuidar la integridad física de aquellos jóvenes que viven en ese lugar desprotegido.

La situación es delicada. Como dice el comienzo de la nota, no es algo que solo involucra a la actual gestión, sino que es un arrastre de muchos años que se mal establecen las prioridades en Independiente. ¿Tanto sale levantar veinte metros de pared? Si se usara el mismo criterio que para pagar tantos contratos de jugadores que terminaron su paso sin pena ni gloria, seguramente que ya estaría solucionado. Esto necesita acción urgente, antes que sea demasiado tarde y alguna otra situación desagradable vuelva a ocurrir.

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