Cambió la vocación
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Lunes, 20 marzo 2017

¡Qué lindo hubiera sido arrancar la semana y esta nueva columna habiendo entrado la del palo de Benítez, o la del palo de Gigliotti! O bueno, cualquiera de las voladas de Ardente, y en este momento estar hablando de un reinicio de campeonato con los tres puntos en el bolsillo. Lo cierto es que, casualidad o causalidad, la pelota no entró, y nos tuvimos que conformar con un 0 a 0. Otro más.

Pero… a no desesperar. Independiente mostró algunos síntomas del semestre anterior, lo cual es preocupante, cierto: estuvo un tiempo entero casi sin concretar situaciones netas de gol, excepto dos centros rasos que casi son empujados a la red. Pero en la segunda mitad, se vio algo que probablemente no se veía hace tiempo: una interesantísima vocación ofensiva. 

El Rojo metió dos tiros en los palos, y no de carambola adentro del área, sino tras llegadas claras. Además, hizo revolcar al arquero del rival y habría que ser un necio para decir que el equipo de Ariel Holan no mereció llevarse el triunfo. Hacía tiempo que tampoco se pateaba desde afuera del área, y Gigliotti nos devolvió el gusto con un zapatazo en el poste.


¿Alcanza? Claro que no; pero con vocación ofensiva se gana más de lo que se pierde; y el equipo se ha reforzado con un jugador de la clase de Erviti, y además todavía falta Nery Domínguez en la cancha. Y porque también está Barco, que es tan vertiginoso que puede cambiar un partido en un abrir y cerrar de ojos. Y porque la defensa no pasó un solo sobresalto en todo el partido.


Hay futuro, seguro. Solo resta que con el correr de los partidos se vuelva al gol y se empiecen a quitar los malos hábitos y síntomas del pasado. Es decir, merodear con la pelota, no probar de afuera, no crecer con el balón en los pies, no dar un pelotazo profundo, no romper líneas y no juntar a los que saben. Holan tiene trabajo, pero lo más importante es que reemplazó la mezquindad por vocación ofesnsiva. Y eso es un paso.

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