De Pizarrón: Cambió desde el cambio
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Domingo, 19 marzo 2017

Independiente era un equipo con total tenencia de balón, pero incapaz de arriesgarse a romper la línea defensiva del rival. Sin embargo, la llave para generar la verticalidad que faltaba la tenía Ezequiel Barco.

El volante de Independiente entró enchufadísimo para encender a un equipo que, por más que mostraba vocación ofensiva, no tenía sorpresa ni asumía los riesgos que se necesitan para ganar un partido. Con el ingreso del juvenil, el equipo de Ariel Holan hizo más en media hora que en todo el resto del cotejo ante San Martín de San Juan.

Sin dudas es una pieza clave. Barco agarró la pelota y se sacó rivales de encima como si fueran conos. Fue preciso con la pelota y, salvo excepciones, puede entregar bien para generar juego. Desde que entró, el Rojo reemplazó los centros rasos del primer tiempo por jugadas más elaboradas, que desencadenaron en dos tiros en los palos y una volada impresionante del arquero rival.

De haber entrado una pelota, se catalogaría como vital el ingreso del rosarino, que enchufó a los demás. La impericia para definir hizo que el juvenil sea sólo una buena alternativa. Pero hay que remarcar lo real, Ezequiel Barco tiene la llave para desequilibrar.

 

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