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Borracho de fútbol y goles

Independiente derrotó 3-0 a Quilmes en una noche en la que jugó un gran partido. Arriesgó, tocó y nunca metió el pelotazo. Los goles los marcaron Rigoni, Vera y Cuesta. Gran augurio para Gabriel Milito.

Fue un partido que Independiente ganó de principio a fin. Tuvo movilidad, juego, contundencia y dinámica. Rindió individual y colectivamente. Cuando apretó, sobre todo en el primer tiempo, llegó a fondo, fue vertical y lastimó.

Tanto es así, que a los 6 minutos ya estaba ganando 1-0. Martín Benítez, una de las figuras del equipo de Fernando Berón en el Centenario, tomó la pelota en la mitad de cancha y tocó para Diego Vera que a un toque habilitó a Emiliano Rigoni. El ex Belgrano metió un zurdazo cruzado que se coló en el segundo palo de Dulcich.

Cuatro minutos después el que quedó en posición de gol fue Leandro Fernández, tras un pase del Misio. El ex Godoy Cruz, la picó ante la salida del uno de Quilmes que esta vez logró salvar a su equipo del segundo. Algo que no pudo un minuto después. Pase exquisito de Benítez para Rigoni que ante la salida de Dulcich la picó y cuando estaba por definir apareció Diego Vera para rematar la jugada de cabeza ante un arco completamente vacío.

En fin, cada vez que Independiente apretaba dañaba. Demostraba falencias en el mediocampo y en la línea defensiva cervecera. Lo mejor del local era su arquero. Tuvo alguna posibilidad, no muy concreta, de descontar pero chocó con Campaña y sus propias malas decisiones.

El Rojo dominaba y jugaba relajado. Lo tenía a su merced. Fernández, Vera, Rigoni, Tagliafico y hasta Domingo Blanco tuvieron su chance. Lo cierto es que a los 42 minutos llegó el tanto que liquidó el partido en el primer tiempo. Pelota parada, centro exacto de Rigoni y cabezazo contundente de Víctor Cuesta para el 3-0.

Ya en el complemento, Independiente se manejó tranquilo. Quilmes lo atacó un poco y ahí apareció Campaña y la pareja de centrales para mantener el arco en cero. Y, mientras el juego se desarrollaba, Berón mandó a la cancha a Rodrigo Gómez, a Gastón Del Castillo y a Germán Denis.

Entre los tres, más Rigoni y el incesante Leandro Fernández, comenzaron a llevar peligro al área rival de contra. Así fue que la figura de Dulcich se fue agigantando porque todas las jugadas de Independiente terminaban en el cuerpo del arquero. Y fueron varias, pero el resultado no varió.

Independiente cerró un torneo en el que arrancó como candidato y lo terminó jugando como quería la gente, pero ya sin chances de nada. El objetivo claramente no se cumplió, pero estas últimas dos fechas, dejan la esperanza de tener aspiraciones concretas. Ojalá que Gabriel Milito pueda desarrollar su idea y devolverle la gloria al club… al Orgullo Nacional.


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