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Jesús hizo llorar de alegría al infierno

Independiente bailó y le ganó a Racing 3 a 0 y extendió nuevamente su paternidad a 23 partidos. Con goles de Martín Benítez, Jesús Méndez y Diego Vera se quedó con el Clásico de Avellaneda y se acerca a la liguilla por la Libertadores. Ortíz, Méndez y Benítez, las figuras.

Independiente lo ganó de principio a fin. Fue el único equipo que jugó al fútbol. Presionó en toda la cancha. Estuvo firme en defensa y supo qué hacer con la pelota. Sí, obvio, tuvo momentos de ideas difusas y hasta algún que otro débil sofocón cuando la diferencia era tan sólo de un gol, pero claramente lo pasó por arriba.

Anclando la fiereza y la claridad en Jesús Méndez y Jorge Ortiz. Intentando el cambio de ritmo en los pies y la explosión de Martín Benítez. O con las paredes entre Juan Manuel Trejo y Nicolás Tagliafico para armar la jugada desde el sector izquierdo. ¿Los de enfrente? Meros espectadores de algo que sucede siempre. Una fiesta Roja en el clásico de Avellaneda.

Víctor Cuesta y Hernán Pellerano no tuvieron inconvenientes mayores para detener algún intento débil de Milito o Bou y hasta Gustavo Toledo se mostró firme en su trabajo. En este panorama, Diego Rodríguez no tuvo mucho trabajo salvo algún que otro centro que salió a cortar o algún remate de media distancia que contuvo sin problemas.

La realidad es que Independiente jugó realmente bien. Quizás lo más flojo fue la tarea de Lucas Albertengo, al que se lo notó con falencias y casi siempre terminó en el piso. En cambio, Diego Vera otra vez fue clave para el resultado. No sólo por el tercer gol, sino también por la jugada del primer tanto y por como obliga a toda la defensa contraria.

El equipo de Diego Cocca lució atemorizado. Dolorido y, cuando Independiente se empezó a florear mostró su costado agresivo. Los nervios invadieron a los jugadores visitantes y eso resolvió aún más fácil el encuentro a favor del Rojo.

Y eso que hasta el primer gol Independiente no había lastimado mucho. Tuvo un par es cierto, pero fue a los 32 minutos cuando logró romper la última línea del visitante. Jesús Méndez abrió para el Misio que de primera se la dejó a Vera. Éste habilitó a Toledo que lo vio entrar sólo a Benítez para que marcara el 1-0.

Minutos más tarde, llegó la expulsión de Acuña por pegar un codazo y ahí arrancó la fiesta. La diferencia con once era clara y con diez se hizo aún más notoria. Y si bien la etapa inicial se fue con el escueto 1-0, la fiesta se guardó para el cierre.

En el complemento, salvo alguna jugada aislada de pelota parada o remate de media distancia, los de Cocca no llegaron. Y de a poco Independiente comenzó a florearse y a bailar a su rival. Y eso que recién marcó el segundo a los 36 minutos. Tiro libre precioso y preciso de uno de los mejores jugadores de la cancha, Jesús Méndez.

Ya con el 2-0 la fiesta se hizo infinita. El infierno se puso encantador y el equipo se permitió divertirse. Es más, el 3-0 que caracterizó el resultado final llegó tras otra gran jugada y un pase genial de Ortiz para el cabezazo exacto y de pique al suelo de Viruta Vera.

Quedó tiempo sólo para festejar. La alegría se hizo infinita y el Rojo una vez más demostró que en el barrio… manda papá.

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