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Independiente celebra el 4-0 ante General Caballero, un triunfo que lo hizo volver a sentirse competitivo.

La importancia de volver a sentirse competitivo

Independiente celebra el 4-0 ante General Caballero, un triunfo que lo hizo volver a sentirse competitivo.

Independiente cumplió y goleó a un débil rival para alimentar su ilusión en la Copa Sudamericana. Pero el valor del 4-0 radica en recuperar después de mucho tiempo la sensación de saber que puede dar pelea. ¿Será el envión necesario?

Hay quienes pueden bajarle el precio a la goleada conseguida en Asunción ante General Caballero. El argumento es válido: la poca monta del rival. El conjunto guaraní ascendió hace poco a la Primera del fútbol paraguayo y ya no tiene chances de clasificación en el grupo G de la Copa Sudamericana. Por eso, además, presentó una formación con varios suplentes. Es cierto que en otro momento, en otra época más holgada del club, un triunfo ante este tipo de equipo era tomado como un trámite obligatorio. Sin embargo, el valor del 4-0 para este Independiente que lucha contra su propia sombra es importante.

¿Por qué? Al margen de la victoria, de los tres puntos de visitante que permiten mantenerlo en la pelea en su zona y no perderle pisada al Ceará (con quien debe jugar de local en la última fecha) y de haber engrosado la diferencia de gol (algo que puede resultar clave para terminar de sacar el boleto a la siguiente ronda), el Rojo se trajo en el bolso desde el país hermano esa sensación divina de volver a ser competitivo.

¿Hacía cuánto que el cuadro de Avellaneda no se imponía con tanta claridad en juego y resultado a un contrincante? ¿Hacía cuánto que no transitaba los 90 minutos con la certeza de saberse absoluto dominador y casi no padecer en su área? ¿Hacía cuánto que no tenía una alegría así? Mucho. Y más en el plano internacional. Y aquí es cuando se le suelta la mano a la jerarquía del rival de turno.

Independiente puja contra sus propios fantasmas, contra sus limitaciones y carencias, que son demasiadas. En 17 encuentros previos, Eduardo Domínguez no había podido dar con una versión que lo terminara de convencer del todo. Los constantes cambios de nombres y de esquema (al margen de las suspensiones y lesiones) lo demuestran. De hecho, también movió las fichas para este duelo en Paraguay. Dispuso un nuevo dibujo táctico: 4-1-3-2, con un tridente de volantes creativos que funcionó y con una dupla de ataque que tuvo muchas situaciones de gol. El resultado, por caso, debió ser más grosero.

La figura fue, otra vez, Domingo Blanco, que se cansó de dar asistencias, estrelló un tiro en el travesaño y no paró de ir hacia adelante. Pero también hubo muy buenas actuaciones de Tomás Pozzo y Alan Soñora, con goles incluidos. Damián Batallini recuperó nivel (a él le hicieron el penal y dio la asistencia a Pozzo) y al chico Julián Romero le faltó meter alguna de las tantas posibilidades que se le presentaron frente al arco. Pecado de inexperiencia. Tiene todo para crecer.

Dato no menor: el Diablo venía de la derrota con Lanús en el plano local. Y anteriormente había superado al débil La Guaira en Venezuela, pero sin convencer en absoluto y gracias a que Mingo Blanco frotó la lámpara en el segundo tiempo. Independiente no encontraba respuestas futbolísticas y acumulaba preocupaciones. Por eso, se celebra la goleada, por más de que enfrente no haya una medida a la altura.

Este Independiente puede verse superado y perder con cualquiera porque, se insiste, juega con los nervios en los pies. El triunfo en Asunción, merecido e inobjetable, puede ser el alimento necesario para empezar a recomponerse de adentro hacia afuera. Volver a sentirse competitivo le da vida. Sentir que puede dar pelea, que puede fluir sobre el campo, que puede romper con los problemas de profundidad y efectividad, que puede generar y concretar.

Independiente necesitaba algo así como el agua. Lo consiguió. Tarde para el plano local, pero puede ser a tiempo aún para afrontar la recta final de la fase de grupo de la Sudamericana, en la que se jugará a todo o nada en Avellaneda la clasificación en los últimos dos encuentros. Ojalá no se aparte de este camino, el de la competitividad, el del protagonismo, el que Independiente nunca debe abandonar.

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