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Independiente se trajo los tres puntos de Junín, pero la importancia del segundo triunfo consecutivo estuvo en no hundirse ante el gol en contra y haber dado vuelta la historia. Un buen síntoma para recuperar la autoestima.

Otro ladrillo en la pared de la confianza

Independiente se trajo los tres puntos de Junín, pero la importancia del segundo triunfo consecutivo estuvo en no hundirse ante el gol en contra y haber dado vuelta la historia. Un buen síntoma para recuperar la autoestima.

Independiente se trajo los tres puntos de Junín, pero la importancia del segundo triunfo consecutivo estuvo en no hundirse ante el gol en contra y haber dado vuelta la historia. Un buen síntoma para recuperar la autoestima.

Independiente tiene el orgullo herido. Hace rato que pena por las canchas del fútbol argentino añorando el gran equipo que alguna vez supo ser. Se dijo -y se dice- hasta el hartazgo que toda la crisis institucional desemboca en un presente futbolístico alarmante. Pero, con lo que hay, el Rojo debe buscar respuestas en el campo. Y lo ocurrido en Junín significó, además de traer los tres puntos y sumar seis en las últimas dos fechas, poner un importante ladrillo en el muro de la confianza de un plantel golpeado, pero que quiere reaccionar.

Independiente dio vuelta un partido y es noticia. De las buenas. No pasaba hacía más de un año. Y, más allá del dato frío en sí, lo fundamental del 2-1 ante Sarmiento luego de haber empezado perdiendo (de modo injusto) radica en que hasta hace muy poco al Diablo le costaba hasta mantener los resultados a favor. Haber podido revertir el marcador en un encuentro es un espaldarazo vital para este grupo de futbolistas que necesita sentirse competitivo nuevamente.

El mérito estuvo en mantener la premisa de seguir yendo al frente pese al gol abajo y no derrumbarse. Independiente había hecho casi todo bien en el primer tiempo, aunque no pudo concretar. Julio Falcioni acertó en darle continuidad a lo sucedido contra Aldosivi. Puso a los mismos once con la misma postura ofensiva. Y el equipo volvió a generar varias situaciones claras.

Con el empuje por los costados de Damián Batallini y, en especial, de Leandro Fernández, el Rojo uso contra su área a los juninenses. Tanto Juan Insaurralde como Sergio Barreto tuvieron cabezazos peligrosos. Fernández quebró la cintura y sacó un remate que fue bloqueado por el arquero. Toto Pozzo (en la primera luego de haber entrado por el lesionado Ferreyra) se lo perdió de zurda tras un desborde y centro pasado de Batallini…

Lo único que le faltó fue meterla. Para colmo, una fatalidad le dio la ventaja al local. Milton Alvarez cortó un centro e intentó controlar la pelota en dos tiempo, pero al mismo momento Insaurralde quiso despejarla y molestó al arquero. La pelota le quedó a Nicolás Femia servida para empujarla a la red.

En otro momento, Independiente habría sufrido esta situación y se le habría hecho imposible ensayar una reacción para ir a buscar el triunfo. No obstante, esta vez fue diferente. Más allá de algún bajón lógico por el golpe, el Rojo se repuso y, sin brillar, volvió a controlar el balón y a merodear el área de enfrente. No bajó los brazos. No se entregó. Y eso, ya es todo un gran indicador en este equipo.

Demás está decir la influencia de Leandro Fernández. Es el abanderado del Diablo. Aun en los peores momentos, el delantero se destacaba por su ímpetu y su fútbol. Viene siendo regular durante todo el campeonato, conservando un nivel alto. Juega y hace jugar. Tiene participación directa en cada gol rojo. Si no los hace él, los hace hacer.

Individualidades al margen, el cambio de postura ya desde el partido ante Aldosivi es notorio. Independiente ataca con cuatro hombres (dos por afuera y el doble nueve) más el aporte de Lucas Romero, el volante más adelantado por adentro del doble cinco. Hay movilidad y una búsqueda sostenida del arco rival.

Hay señales saludables: no aflojó contra los marplatenses cuando ya estaba ganando y no se hundió ante Sarmiento cuando estaba perdiendo. Aspectos impensados algunas jornadas atrás. Son ladrillos en la construcción de la autoestima. Buenos síntomas después de mucho tiempo. Es por ahí.

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