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Penco, el de los goles importantes

El delantero que llegó a Independiente desde San Martín de San Juan estuvo a punto de irse en la pretemporada. Se quiso quedar, la luchó bien de abajo y terminó siendo una de las piezas claves a puro grito.

Eran tiempos de un poco de paz. Omar De Felippe había llegado y gracias a la solvencia que logró atribuirle al equipo, el Rojo alcanzaba en la última fecha de la primera etapa del Torneo de la B Nacional la zona de ascenso. Aquel recordado golazo de Marcelo Vidal desde la mitad de cancha le permitía cerrar tercero.

La llegada de Federico Insúa era el único refuerzo. En contraste, la superpoblación de delanteros “de área” era lo apuntado para acortar. Facundo Parra, el titular; Adrián Fernández, el juvenil que podía aportar frescura; Cristian Menéndez, de flojísimo desempeño, y Sebastián Penco, en esos momentos, el cuarto puntero. Así las cosas, “Motoneta” era el indicado para dar a préstamo.

Hubo equipos que lo quisieron, pero Penco siempre habló de su ganas de quedarse a luchar. Quería revancha, aunque casi no había tenido posibilidades de jugar. Menéndez había tenido mil y no había aprovechado ninguna. Y por eso, sus fuerzas lograron su meta y el delantero se mantuvo en el plantel.

Su rendimiento y sus condiciones técnicas distan de lo que un delantero de Independiente tiene que demostrar. Sin embargo, a puro sacrificio y con sus armas, Penco se hizo ver jugando bien de nueve. Molestando en cada centro y en cada área. Parecía que si se rompía la cabeza y tenía que usar vendaje, su potencia no disminuía. Hubo partidos en los que se perdió goles increíbles. Sin embargo, de a poco fue generando sus propias chances y aprovechándolas.

Hoy tiene cinco gritos. Todos en esta segunda etapa de la Temporada. El primero, casi insignificante ante Atlético Tucumán, el día del 3-1 en contra en Avellaneda. El segundo, que sorprendió a muchos y terminó en empate. Sí, marcó el 2-0 ante Banfield, la noche que se mataron a goles en el Sur y el 3-3 pareció poco, pero fue algo.

Luego volvió Parra y la pólvora de Penco se humedeció. Recién ante Ferro en Caballito volvió a explotar. Antes, se había errado un mano a mano increíble. Es nueve y eso pasa. Aunque en ese momento el hincha insulte y le dé bronca. Es así, le pasa al nueve y al hincha. Lo cierto es que su cabezazo fue clave para la levantada ante el Verdolaga, porque fue empate en un partido malísimo de Independiente, pero que le permitió seguir con vida.

Los dos restantes fueron más trascendentales aún. Primero, el 2-1 ante Douglas Haig en Pergamino, tras un centro de Matías Pisano y una avivada de Federico Insúa. El otro, el de hoy, para el 2-1 ante Instituto. Ambos valieron triunfos, como el penal que le cometieron ante Sportivo Belgrano y que Diego Rodríguez cambió por gol.

Sí, en este breve repaso se podría decir que Penco sólo hizo cinco goles. Pero también se puede fundamentar que gracias a sus gritos de Motoneta el Rojo sumó ocho puntos claves para lograr el ansiado objetivo de volver a Primera. Distintas maneras de ver la misma realidad que a todos nos duele y el próximo fin de semana puede tener el final esperado.

Yoyo Yoyo

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