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El delantero, con goles y un juego superlativo, empuja a Independiente hacia las victorias y hacia un estado anímico positivo. Leandro contagia a sus compañeros y se transformó en el líder dentro de la cancha.

¡Qué pelotas tiene Fernández!

El delantero, con goles y un juego superlativo, empuja a Independiente hacia las victorias y hacia un estado anímico positivo. Leandro contagia a sus compañeros y se transformó en el líder dentro de la cancha.

El delantero, con goles y un juego superlativo, empuja a Independiente hacia las victorias y hacia un estado anímico positivo. Leandro contagia a sus compañeros y se transformó en el líder dentro de la cancha.

“Pelotas chicas, pelotas grandes, ¡qué pelotas tiene Fernández!”. Aquel spot publicitario radial quedó en la memoria de todos los hinchas de la pelota que acostumbran a escuchar fútbol en la cancha, en el auto o simplemente bajan el volumen de la TV para subir el de la AM preferida. Y hoy, la figura de Independiente bien podría ser el protagonista de ese speach que marcó una época. El 9 del Rojo no para de sorprender partido a partido con sus goles, asistencias y empuje. Es el faro que alumbra al equipo y guía el camino de la recuperación, que ya lleva tres triunfos seguidos luego de estar seis partidos sin ganar en la era de Julio Falcioni.

Independiente fue mucho más que Vélez por Copa Argentina y se ganó justamente la clasificación a Cuartos de final con un 2-0 inobjetable, que lo tuvo a Leandro Fernández nuevamente como estrella. Hizo un golazo (el quinto en los últimos cuatro encuentros) y fue el motor para generar muchas más situaciones clarísimas. Además, sin tocarla, fue partícipe del segundo, convertido por Leandro Benegas.

La influencia de Fernández en este Rojo es total. Todo lo que toca lo convierte en oro. Entró en un estado de gracia y le está sacando todo el jugo posible. Sabe que anda derecho y lo aprovecha. Por eso, lleno de confianza, prueba remates de todos lados. De derecha. De izquierda. Gambetea. Asiste. Corre. Mete. Colabora en la marca. Y hasta recupera.

No es una novedad. Este presente del atacante devenido ahora en volante por la banda zurda en este nuevo esquema 4-4-2 que plantea Falcioni es sostenido. Aun en los momentos en lo que a Independiente nada le salía, Fernández asomaba la cabeza del rebaño con algo tan simple y tan complejo de sostener como el compromiso. En todo momento mantuvo la misma intensidad que tiene ahora. La diferencia es que ahora al fin parecen haberse alineado los planetas y sus compañeros demuestran el mismo ímpetu que él. Y eso se ve en el campo con otra postura y predisposición.

Algunos hinchas curados de espanto miraban de reojo los triunfos ante Aldosivi y Sarmiento por no considerarlos rivales de peso. Pues bien, el Diablo esta vez exhibió el mismo nivel ante un contrincante de mayor fuste como Vélez. Es cierto, el cuadro de de Liniers viene golpeado por la dura eliminación de la Libertadores. Pero tiene pibes que corren y juegan y un DT requerido por todos. No se discute: Independiente ganó categóricamente.

Fernández es quien contagia al resto. Va diseminando su energía al plantel. Y cada vez más son los que juegan a su ritmo. Ahí radica una de las claves de esta levantada futbolística, pero principalmente anímica. Quizá no sea un peso pesado en el vestuario, pero sobre el césped es el mayor referente de juego que tiene hoy el elenco de Avellaneda.

Después de hacer su golazo de zurda, Fernández produjo cuatro chances de peligro para el mismo destinatario: Leandro Benegas. Una asistencia de tiro libre, un centro, una pelota que robó sobre la línea de fondo velezana y luego la pasó al corazón del área y otro centro más. Un dato: arranca siempre posicionado por la izquierda, pero todas esas situaciones que Benegas erró las hizo apareciendo por el sector opuesto. Factor sorpresa, movilidad, despiste. O como quieran llamarlo.

Es indescifrable Leandro Fernández. Pieza vital de un equipo que quiere -y lo está dejando en claro- salir del pozo, progresar, empezar a volver a ser. Había una frase característica de una época que decía en referencia al Mariscal: “Cuando empuja Milito, Independiente quiere”. Y le cabe al dedillo a esta actualidad roja, aunque ahora sería: “Cuando empuja Fernández, Independiente quiere”.

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