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Siempre poquito

Desde Cristian Díaz al Tolo Gallego pasando por cada uno de los jugadores que vistieron la camiseta de Independiente este Torneo Inicial dio la sensación que sólo un puñado de ellos sintieron lo que se están jugando. Esto está manchando la vida de todos hasta la eternidad y no parecen hacer nada para cambiarlo.

La cruel realidad muestra un equipo abatido ante el primer revés, sin ideas de juego, sin saber cómo defenderse, con un arquero en un bajísimo nivel y con poco amor propio. Claro está que también es un conjunto asediado por las lesiones y los rebotes en contra. En otras palabras, no liga. Aunque no se puede caer siempre en el azar.

No es mi intención hacer una carta abierta a los jugadores y explicarles quien somos, que ha logrado el Club, quien a vestido esta camiseta, porque tiene más de 100 años en Primera y porque es legado más importante que un padre le hace a un hijo como agradecimiento al suyo propio. Sí como un bien de familia. Pero a ver.

Cada partido al finalizar decimos: no se pudo ganar otra vez, pero el equipo tuvo la pelota y le faltó profundidad; el Tecla las peleó todas, pero no gritó en la red; o elogiamos los desbordes de Ferreyra, pese a que sus centros no encuentran un destinatario con sus mismos colores; o aplaudimos a Hilario al tapar un mano a mano y en la siguiente lo queremos matar por no salir bien y tener que ir a buscarla adentro; o nos enojamos porque los refuerzos viven lesionados; o porque en la única que tuvimos fue penal y el árbitro no cobró; o nos sacamos con Fredes que la pisa genial y la termina mal.

O sea, este Independiente siempre es poquito. Nunca termina nada. Para los profesionales es un problema psicológico de equipo entregado, para el de la popular jugadores sin alma y para mí un poco de todo más la falta de trabajo.

No pido la cabeza de Gallego, pero sí que de su cabeza salgan ideas. No puede ser que pruebe jugadores constantemente, que ante cada partido cambie el sistema de juego y en todos haya más de lo mismo: Falta de juego y de ideas. En ataque no tiene dinámica, cambio de ritmo, juego asociado ni una identidad. En defensa, ni hablar.

En definitiva con un once titular que cuando tiene la pelota sólo lateraliza su ataque, que cuando no la tiene no sabe cuidar su arco y por momentos no da signos de vida, el Rojo está muerto. Y sólo lo pueden revivir tres factores: El Tolo, los futbolistas propios y una buena política de refuerzos. Chances hay, pero hay que ir a buscarlas como lo Grande que somos.

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