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Una involución que tiene varios factores

Independiente quedó muy lejos de la versión que ilusionó en el inicio del semestre y parecía que podía llegar a pelear el torneo. Las causas de este tobogán en el que sigue bajando el equipo de Falcioni.

Hubo ilusión en todo Independiente. Se sostenía sobre pilares no del todo firmes, es cierto. Pero el equipo de Julio César Falcioni invitó a los hinchas a entusiasmarse por su muy buen arranque en el campeonato, en el que nunca brilló, aunque era efectivo, sólido y tenía momentos de fluidez en su juego. Sin embargo, después de estar las primeras siete fechas invicto (con cuatro victorias y tres empates), el castillo de naipes empezó a desmoronarse poco a poco, partido a partido. Y hay varios porqué.

Cualquier análisis de este Independiente debe partir desde la realidad austera de un plantel corto. De antemano, hasta a los más optimistas les costaba augurar a un Rojo que pueda aspirar a meterse en la pelea por un título ante este escenario de vacas flacas producto de la crisis económica del club. Afuera de la Copa Argentina. Afuera de la Sudamericana. Era imposible sostener una múltiple competencia. Pero en el ámbito local, Independiente pareció acomodarse y aprovechar la irregularidad de los otros grandes.

Falcioni le sacó jugo a la pretemporada y preparó otra propuesta, alejada de la línea de cinco defensores del semestre anterior que despertaba muchas críticas y ya no le entregaba seguridad. Optó por plantear una idea más audaz, que fue bienvenida por los fanáticos que miran al entrenador de reojo por su estilo habitualmente más conservador. Con poco, el Emperador se animó a más con un 4-3-3 a veces o un 4-2-3-1 que ponía más hombres en el área rival.

Le funcionó de arranque. Hasta logró hacer rendir a Andrés Roa, siempre resistido por los simpatizantes. El equipo tenía desborde y vértigo por los costados, principalmente con Sebastián Palacios. Y juego por el medio con Alan Velasco. Lucas Romero presentaba un gran nivel en el círculo central y daba garantía y distribución. Con el correr de los encuentros se fue diluyendo todo. Pasó de caerse en los segundos tiempos, a no llegar ni al descanso, como le ocurrió con Sarmiento. ¿Qué pasó? Pasaron cosas, diría un expresidente.

La necesidad económica llevó a la dirigencia a aceptar vender a Palacios, titular indiscutido por el técnico y un futbolista que aportaba desequilibrió para desentrañar defensas rivales. Nunca pudo reemplazar su ausencia. Y, creer o reventar, la irregularidad se inició tras su ida. Hasta ese momento, Independente solamente había perdido en Tucumán. No se señala que el Tucu era la figura del equipo, ni que era imprescindible, pero sí que, además de perder lo que él podía generar por su zona, el resto sintió que el ataque ya no funcionó de la misma manera. Faltaba una pieza, un engranaje. En síntesis, su partida resintió el poderío ofensivo, que tampoco era una aplanadora.

La lesión de Roa, le guste o no a la gente, también jugó en contra. El colombiano había encontrado confianza por primera vez desde que puso sus pies en Avellaneda. Estaba suelto y hasta convertía. Ante su salida, Falcioni aprovechó para incluir al Perro sin sacar a Domingo Blanco y Alan Soñora del equipo. Pero Velasco debió correrse a la izquierda, un puesto que no le permite explotar, y allí quedó enjaulado hasta hoy. Para colmo, Roa volvió a quedar en el ojo de todos al entrar mal con Vélez.

El bajón de las individualidades alteró también el producto. Lucas Romero no volvió a ser el mismo tras la lesión. El otro Romero, Silvio, entró en sequía y estuvo siete cotejos sin convertir. Verdad 1: poco hacían sus compañeros para generarle situciones de cara al arco. Verdad 2: el capitán poco hacía para asociarse y construirse el camino al gol.

Otro factor que sin dudas tiene influencia en esta involución del Diablo es el contexto institucional. Atrasos salariales, jugadores que ven cerca la finalización de su contrato y que nadie los llama, otros que buscan irse ante alguna oferta, las aguas agitadas por la política de cara a las elecciones… Un combo que no es el ideal para lograr la armonía necesaria en el vestuario, condición excluyente para encarar cualquier ambición seria de campeonar.

La falta de alternativas de experiencia a la hora de mirar hacia el banco hizo -hace- el resto. Falcioni cometió errores con cambios, ya sea por la tardanza en hacerlos o por no acertar en hacerlos. Tampoco tiene mucho para elegir: muchos chicos que dan sus primeros pasos; poco nombre de renombre para afrontar exigencias máximas. Y eso, se paga.

Así y todo, el Independiente de Falcioni perdió varios puntos en partidos ante rivales que en el once contra once no tenían más que el Rey de Copas, por el contrario. Ahí es cuando las decisiones de los protagonistas y las malas decisiones del DT suman -restan- su aporte a este tobogán que aleja al Rojo cada vez más de lo que fue al inicio.

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