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Cuando empatar es alegre

El hincha de Independiente tiene una enorme facilidad para transitar del aplauso al silbido y del silbido al aplauso en cuestión de segundos. Es así, es característico. Nadie está exento. Nuestros sentimientos en un partido como el del viernes a la noche suelen oscilar entre ‘esto es lo que al fin veníamos esperando’ y ‘no podemos ser tan verdes, por favor’.

Independiente perdió en dos minutos un partido que, seamos sinceros, pudo haber estado para cualquiera. Y cuando decimos perdido no hablamos de una derrota concreta, sino del triunfo que se nos escurrió de las manos. Otra vez. Pero aún así, con el 2 a 2 final y esa victoria en casa que se hace desear cada vez más y más, el empate luego de mucho tiempo de sufrimientos y penurias, es una cosa alegre.

Porque sin ser totalmente superior, Independiente jugó un partidazo. No un partidazo por lo bien ni por lo vistoso, tampoco por lo eficaz. No. Partidazo porque es la mejor palabra para definirlo: vibrante, intenso, áspero. Un lindo partido, de esos que entusiasman, de esos que gustamos de ver. Esos partidos donde, con virtudes y con defectos, con errores y con aciertos, el hincha ve un equipo que con sus limitaciones quiere ganar el partido que está jugando.

Lo cierto es que el equipo de Ariel Holan no fue mucho más que su rival, como nos tenía acostumbrados. No lo dominó, ni lo sometió en el área, y en muchos momentos dejó regresar la duda a la hora de definir y permitió que vuelvan esas lagunas en el fondo que nos hacen perder tantos puntos… Pero el equipo está ahí, más vivo que nunca. Un equipo que contagia, que invita a ilusionar a un hincha que hace tiempo le viene poniendo resistencia a la ilusión.

Independiente jugará en Rosario un durísimo partido contra otro de los animadores del torneo. Y hace que la deuda de ganar en el Libertadores de América quede solo para la anécdota en este campeonato. Porque después de visitar a Newell’s, el Rojo recibirá a su eterno rival y ya no importará lo difícil que se hace ganar de local. 

Contra Estudiantes estaba la chance de reivindicarse con el hincha en casa. Pero eso es historia. Olvidémonos. Quedará para la anécdota, porque en el compromiso de visitante y en el clásico que le sigue, lo único que importará es ganar. Y ya. El escenario y ganar en casa, pasará a un segundo plano.

¡Sigamos soñando!

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