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El Rojo de Falcioni tenía un escenario inmejorable para traerse los tres puntos de Mendoza, pero no pudo ni supo cómo aprovechar la ventaja numérica en casi todo un tiempo. Sin ideas adentro y afuera de la cancha.

Independiente y cómo desperdiciar un hombre de más

El Rojo de Falcioni tenía un escenario inmejorable para traerse los tres puntos de Mendoza, pero no pudo ni supo cómo aprovechar la ventaja numérica en casi todo un tiempo. Sin ideas adentro y afuera de la cancha.

El Rojo de Falcioni tenía un escenario inmejorable para traerse los tres puntos de Mendoza, pero no pudo ni supo cómo aprovechar la ventaja numérica en casi todo un tiempo. Sin ideas adentro y afuera de la cancha.

Das el golpe sobre el final del primer tiempo, como para no darle tiempo al rival de una respuesta inmediata. Te vas al descanso con el resultado a favor. Apenas arranca la segunda parte, al otro equipo le echan a un jugador… Con todo a favor, no tenés otro camino que hacer las cosas bien y ganar manejando la ventaja. Pero Independiente se empecina en demostrar que no, que eso no siempre es así y que se puede desperdiciar todo un escenario favorable para dilapidar un triunfo necesario y apenas recaudar un punto que en este contexto paga muy poco.

El Rojo de Julio César Falcioni no supo ni pudo aprovechar el hombre de más con el que jugó más de 40 minutos en Mendoza, ante Godoy Cruz. El conjunto local le empató con un zapatazo a los dos minutos de que sufriera la tarjeta roja el paraguayo Canale y a partir de allí, los visitantes transitaron el partido con la tenencia casi absoluta de la pelota, aunque prácticamente sin ideas para doblegar a un adversario en desventaja.

Prefirió no tocar nada el técnico después de que el Tomba se quedara con diez. Mantuvo todo tal cual, como si sus dirigidos estuvieran dominando el duelo. No lo hacían once contra once, tal vez sí puedan hacerlo con superioridad numérica. Eso habrá pensando el técnico, quizá. Pero no. Godoy Cruz se replegó bien porque tuvo la virtud de cubrir bien todos los espacios sin meterse del todo atrás. De hecho, le blindó el área a un Independiente que casi nunca buscó hacer el “dos-uno” contra el rival.

Recién 24 minutos después de la expulsión, el Emperador movió el banco: metió a Gabriel Hachen para sacar a un Perro Romero impreciso y correr a Saltita González como cinco posicional. Intentó ir por los costados ya que los caminos por el medio estaban abnegados. Luego fue Toto Pozzo el que ingresó por Leandro Fernández. Claramente, el DT reforzó la intención de desbordar. No obstante, apenas tuvo éxito en esa misión una sola vez en todo el complemento: Damián Batallini apareció por la derecha y tiró el centro bajo atrás para la llegada de Alan Soñora, que le pegó muy mal.

No hubo más desbordes. Los laterales pocas veces se sumaron al ataque para hacer dupla con los extremos y así doblegar por las bandas. Tampoco hubo sociedades interiores. Soñora y Pozzo no se encontraron y la pelota no le llegó a Leandro Benegas, que tuvo un remate defectuoso y forzado en la primera etapa. Tan solo eso. Quedó el lamento por la última que casi convierte otra vez Juan Insaurralde tras un tiro libre. Pero dos chances concretas de peligro real en casi todo un tiempo con un hombre de más es demasiado pobre.

¿Sorprende? En el escenario general en el que navega Independiente anímica y futbolísticamente, no. Sin embargo, no deja de resultar curioso el hecho de no profundizar la búsqueda con el aporte de la frescura del banco, que contaba con pibes que, si bien es cierto que carecen de experiencia, pueden a veces ser la herramienta necesaria para destrabar este tipo de situaciones. Al cabo, no hay más variantes que probar.

Falcioni decidió que no era prudente. O que no podrían traerle soluciones Rodrigo Marquez, Zarza, Julián Romero ni Vallejo. Será parte de su pensamiento de que este momento delicado es exclusivamente para la espalda de los más experimentados o de aquellos que tienen más minutos en Primera.

Pero, al margen de este empate puntual (el tercero consecutivo), hay un dato alarmante. En 2022, el Diablo estuvo con un futbolista de más en ocho encuentros y apenas pudo ganar uno de ellos. Con el entrenador que sea, el cuadro de Avellaneda tiene serias dificultades asumir la responsabilidad de verse con uno más y sacar ventaja de eso. Todo es parte de las problemáticas generales que acarrea hace tiempo y que no puede corregir.

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