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Independiente cerró una participación muy mala en la Copa de la Liga con una goleada ante Huracán que dejó aspectos positivos para buscar el crecimiento del equipo de cara a lo que viene. (Foto: Clarin)

Las buenas señales que indican un camino a seguir

Independiente cerró una participación muy mala en la Copa de la Liga con una goleada ante Huracán que dejó aspectos positivos para buscar el crecimiento del equipo de cara a lo que viene. (Foto: Clarin)

Independiente cerró una participación muy mala en la Copa de la Liga con una goleada ante Huracán que dejó aspectos positivos para buscar el crecimiento del equipo de cara a lo que viene.

Independiente cerró una participación muy mala en la Copa de la Liga. Varias fechas antes de concluir la primera fase ya se había quedado sin chances matemáticas de clasificación producto de una campaña flojísima que casi lo deja en el último puesto de su zona. Sin embargo, envalentonado por sus cruces internacionales, que sostienen su expectativa alta, pudo despedirse de la competencia local con un buen triunfo con goleada final ante Huracán, que le dejó algunas buenas señales para recoger y no apartarse del camino del triunfo.

Parece -por ahora solo parece- que Eduardo Domínguez dio finalmente con un esquema que mejor le cuaja a los nombres seleccionados. Probó demasiado, de jugadores y de dibujos tácticos, el entrenador a lo largo de todo el semestre. Cambió tanto, de un partido a otro y en medio de los encuentros, que por momentos daba la sensación de estar perdido. Sin embargo, desde hace unos compromisos viene manteniendo un sistema con protagonistas que lo llevan adelante de modo eficiente.

Se habla del 4-1-3-2, con Lucas Romero de volante tapón, una línea de producción artesanal compuesta por Tomás Pozzo, Alan Soñora y Domingo Blanco, y una dupla de ataque con Damián Batallini y el pibe Julián Romero (reemplaza a Leandro Benegas, con un síndrome vertiginoso). Ese tridente encargado de la elaboración es el motor del equipo. Tiene cambio de ritmo con Pozzo y Blanco, pase entre líneas con Soñora y Blanco, pegada con estos mismos dos, gambeta y movilidad con los tres.

Esto le permite asumir el protagonismo que pregona su DT. De entrada, Independiente no negocia asumir el rol de dominador. En la primera parte ante Huracán fue el que tomó las riendas y buscó merodear el arco de enfrente con mayor cantidad de futbolistas. Su rival casi no generó, más allá de alguna jugada aislada. En medio de un clima espeso en las tribunas por la ira de la gente contra la dirigencia, el Diablo pudo abstraerse y enfocarse en desnivelar el marcador.

Después sí, se echó hacia atrás. Un poco por el cansancio del trajín de las últimas semanas, un poco por el empuje de un Globo obligado a ganar y otro poco como estrategia para cerrarse bien atrás y apostar al contragolpe. Fue arriesgada la jugada porque la visita contó con aproximaciones, sobre todo por la vía aérea. Pero terminó saliendo bien ya que al final logró liquidar el pleito con los tantos de los ingresados Juanito Cazares y Leandro Fernández.

Así, Independiente se va amigando con el triunfo, algo clave para darle de comer a un ánimo que estaba por el piso por la repetición de frustraciones en el tiempo reciente. Otro aspecto positivo es mantener la valla en cero. El Rojo sufría con sus retrocesos y quedaba expuesto abajo. Abierto y desordenado y con un Sebastián Sosa desnudo. Esto no pasó en el Ricardo Enrique Bochini en la tarde del sábado. Defendió bien por abajo, cerrando caminos, aunque es verdad que perdió bastante por arriba. Punto a mejorar.

La importancia de ser eficaz está entre las cosas que más debe resaltar este Independiente que quiere levantarse deportivamente de a poco. Soñora se está convenciendo que es el 10 del equipo y eso le hace bien a él y a todo el grupo. Se ve y se siente sobre el campo. El tiro libre al ángulo le acaricia el ego, la confianza y lo invita a animarse a más.

Leandro Fernández se está acostumbrando a marcar cada vez que entra y eso es otro ítem positivo pensando a futuro. Llegó, jugó, perdió terreno y ahora desde el banco busca recuperarse. Y va por ese sendero Fernández, que convirtió en Venezuela, en Paraguay y en Avellaneda.

Entre tanta malaria, hay buenas señales que Domínguez ve y atesora mirando hacia adelante. No es un consuelo. No es suficiente. No es conformismo. Para nada. Imposible será tapar la pésima campaña en el torneo doméstico. Se trata solamente de ir encontrando perlitas en medio del lodo para recogerlas, pulirlas y continuar buscando otras. Indican un camino a seguir. Invitan a creer que hay alguna chance de estar mejor.

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