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Independiente mostró su peor cara en Paraná con una serie de fallas ridículas difíciles de entender que condenaron al equipo a una dura derrota. ¿Qué responsabilidad tiene el técnico?

Un compilado de errores amateurs que desconcertaron a Domínguez

Independiente mostró su peor cara en Paraná con una serie de fallas ridículas difíciles de entender que condenaron al equipo a una dura derrota. ¿Qué responsabilidad tiene el técnico?

Independiente mostró su peor cara en Paraná con una serie de fallas ridículas difíciles de entender que condenaron al equipo a una dura derrota. ¿Qué responsabilidad tiene el técnico?

Este Independiente desconcierta. Pero no solamente hacia afuera. Este Independiente desconcierta hasta a su propio entrenador. En Paraná el equipo de Avellaneda hizo todo lo posible para entregarle en paquete con moño el triunfo a su rival, un humilde Patronato que se aprovechó de las invitaciones de los jugadores rojos. Errores propios de un partido amateur frenaron el envión que se había logrado al hilvanar dos triunfos seguidos. Y Eduardo Domínguez no tuvo otra que aceptar que sus dirigidos no hicieron nada de lo que habían trabajado en la semana. El lapidario 3-1 en Entre Ríos tuvo su razón en un compilado de fallas a las que cuesta encontrarle una explicación lógica.

No llegó ni al minuto sano Independiente en Paraná. A los 49 segundos, Patronato puso el primero de pelota parada. Ahí se vio la primera desatención del Diablo. El delantero Axel Rodríguez saltó y pudo cabecear entre dos hombres rojos: Sergio Barreto y Leandro Benegas. Ninguno de los dos lo encimó ni lo cuerpeó. Bueno, puede pasar. Le quedaba al elenco de Domínguez un tiempo casi entero para barajar y dar de nuevo.

El partido hasta le hizo un guiño a favor cuando se fue expulsado Valdéz Chamorro a los 15 minutos de juego. Pero… La catástrofe recién empezaba para el Rojo. Vaya a saber uno qué se le cruzó por la cabeza a Sebastián Sosa para hacer lo que hizo. Recibió un pase atrás de Juan Insaurralde, sin peligro aparente. Lo presionó Jonás Acevedo y el arquero, en vez de sacársela rápido de encima, buscó enganchar para cambiar de dirección, pero lo hizo para el mismo lado en el que el adversario lo estaba atorando. Error conceptual en todo aspecto: mala decisión y peor ejecución. La perdió y fue el segundo del Patrón.

Así y todo, el Diablo intentó revertir el panorama de una tarde negra. Tuvo chances. Y también en el área de enfrente cometió errores groseros, como el mano a mano desperdiciado por el goleador Leandro Benegas, que con todo el tiempo del mundo definió a las manos del arquero. Y para colmo, cuando al fin la había metido, se lo anularon por un supuesto offside de Leandro Fernández que ni con los trazos del VAR se logra ver claramente.

Ni el descuento -un golazo del Perro Romero tras una triangulación con Alex Vigo y Saltita González- le inyectó ánimo a un Independiente que se autodestruyó sobre el campo de juego. Si lo de Sosa había sido un papelón, qué decir de lo de Insaurralde en el tercero de Patronato. El experimentado defensor se cayó solito ante un centro desde la izquierda por abajo y dejó a Rodríguez de cara al gol. La imagen es insólita por donde se la mire. Ese tanto llegó en el momento en el que, mal que mal, los de Avellaneda buscaban manejar el balón y encontrar algún hueco en la poblada defensa de enfrente.

Fue fubolísticamente grave: Independiente tuvo un hombre de más durante 75 minutos, en ese lapso hizo un gol, pero le hicieron dos. Sí, con superioridad numérica fue doblegado y vulnerado por su rival. Inconcebible para un equipo que quiere dejar la irregularidad de lado después de más de seis meses de trabajo.

Los calamitosos errores puntuales dinamitaron cualquier planificación previa. El gol antes del minuto, el blooper del uruguayo y el tropiezo del Chaco fueron tres dagas directo al corazón de un equipo de por sí diezmado al que todo le cuesta el triple hace rato. Y todo esto pasó justo cuando tenía la posibilidad de empezar a mostrar otra cara con algunos principios de señales que había entregado en las últimas dos presentaciones.

Como en el Juego de la Oca, retrocede diez casilleros y deja desconcertado a un técnico que no tiene responsabilidad en las equivocadas decisiones individuales de sus jugadores, pero que a esta altura sí debe responder por los desajustes colectivos y por la ausencia de una estabilidad que exaspera.

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